Acerca de mí

lunes, febrero 02, 2009

Uno de los más grandes: Chuck Noll



LATROBE -- No hay nada glamoroso sobre el lugar donde terminó el nombre. Por lo menos, está bien escrito. Las palabras "Chuck Noll Field" cuelgan por encima de un palco hecho de ladrillos, dos pisos por arriba del césped en Saint Vincent College. Noll estaría contento por su simplicidad. Veintitrés años en un empleo, y la gente en Pittsburgh sigue deletreando el apellido de Noll con una "K". Quizás nunca lo notó. Lo más probable es que nunca le haya importado.


Para muchos, Noll no es reconocido con el crédito que se merece


A veces a finales del verano, cuando llegan los nuevos a Saint Vincent para el inicio de los entrenamientos, el entrenador Bob Colbert les pregunta: ¿quién es el tipo del nombre del campo? Si un chico no es del condado de Allegheny o algún lugar cercano, es probable que se quede mirando a Colbert con los ojos en blanco.


"Es desafortunado", dice Colbert, "que no recibiera el reconocimiento que merece.

"Los más jóvenes, no están interesados en la historia. La historia es el ayer".

La historia, por lo menos en estos lugares, es consistente. Nieva; las banderas de los Steelers ondean en preparación de otro Super Bowl; y Chuck Noll, una leyenda del negro y dorado, está en un lugar lejano. No dará un discurso esta semana sobre cómo estos Steelers le recuerdan a su Cortina de Acero de los '70. Noll ni siquiera observa los juegos completos de fútbol americano ya. Se cree que habló con la directiva de Pittsburgh sobre sus pensamientos acerca de los Steelers una vez durante esta campaña.


"Le está yendo bien a tu equipo", le dijo Noll a Dan Rooney en esa breve charla.

No estará en la TV, a menos que sea una película desgastada sobre unos de sus cuatro triunfos de Super Bowl, y no será mencionado entre los grandes nombres de los entrenadores de la historia de la NFL. Sus amigos dirán que se debe a su deseo por encontrar privacidad. Noll no se expuso, no tradujo su éxito en una carrera como comentarista, y por lo tanto, el mundo siguió girando sin él.

¿Quién es Chuck Noll? Una generación de fanáticos de fútbol americano realmente no lo sabe.

POCAS VECES ES VISTO EN SEWICKLEY
La primera parada para hallar a Noll es su último domicilio conocido en Pennsylvania, por la Autopista 65 a lo largo del Río Ohio. Sewickley es un barrio con menos de 4,000 habitantes, repleto de celebridades locales. Mario Lemieux y Sidney Crosby viven aquí, así como dos ex estelares de los Steelers: Franco Harris y Lynn Swann.


El departamento de Noll realmente no compite. Está en un modesto edifico de tres pisos con vista y un letrero clavado en el suelo congelado que advierte: "No pasar".


No se encuentra allí.


Pasa cerca de la mitad del año en Pittsburgh, con su devota esposa, Marianne, quien toma sus llamadas. Han estado casados aproximadamente dos terceras partes de sus vidas. Ex jugadores, independientemente de su status de miembros del Salón de la Fama, la pasan duro para sortear a Marianne para llegar a Noll. Los hace dudar sobre su salud.

Marianne dice que los problemas de espalda que le pudieron haber empujado hacia el retiro en 1991 han empeorado. Se desplaza con dos bastones, y realmente alcanza a llegar a pocos lugares. Sus nervios están expuestos y casi cualquier movimiento es doloroso. Acaba de cumplir los 77 años de edad.

Noll y su esposa están pasando el invierno en su segundo hogar en Florida, un espacio más cómodo aproximadamente a unas dos horas de la sede del Super Bowl XLIII. Mantendrán la casa de Pittsburgh. "Siempre", afirma Marianne.


En llamada telefónica se le preguntó a Marianne si estarían en Tampa, y dijo que no.


"No veo cómo pueda suceder", dijo. "Lo veremos desde aquí.


"Él lo hizo y fue grandioso. Ahora es turno de Mike Tomlin".


NO LE GUSTA EL CHOCOLATE
Su vida, después del fútbol americano, pudo haber sido mucho más confortable de haber cedido de vez en cuando. Quizás de haber ofrecido algunas sonrisas, de haberse detenido para una cámara, Noll sería rico. Alguna vez a mediados de los '70, después de otro Super Bowl, Nestlé ofreció pagarle mucho dinero para utilizar su foto en un chocolate. Le tomó menos de un minuto a Noll decir que no.

"Vean si uno de mis asistentes desea hacerlo", decía normalmente Noll.

Joe Gordon, quien sirvió como director de Relaciones Públicas de los Steelers bajo Noll, estima que lo que Noll desechó se traduciría en millones de dólares hoy en día en patrocinios. Hizo sólo un comercial en 23 años, para un banco local dirigido por un amigo. Cuando Noll vio su rostro en el espectacular del banco --un espectacular que estaba colocado en un camino que tomaba el equipo para el campamento de entrenamiento-- se fastidió.

"Decidió no volverlo a hacer", dijo Gordon. "Es una persona privada, y su único interés era dirigir fútbol americano. No estaba interesado en todo lo extra. De haberse salido Chuck con la suya, después de los partidos del domingo habría empacado sus cosas en su portafolio y se habría ido a casa a ducharse sin conceder entrevistas".


Getty Images

Greene nunca olvidará aquel discurso único
NO LE GUSTAN LOS DISCURSOS
Si quieren saber algo de Noll, vayan con "Mean Joe" Greene. Está viviendo en Texas ahora, pero piensa acerca de Noll por lo menos tres veces a la semana.


Un viejo refrán a menudo evocará recuerdos de su entrenador. "Nunca tomen una decisión importante basándose únicamente en el dinero", decía Noll a sus jugadores. Todo el dinero no es buen dinero.


En 1969, cuando Noll fue contratado, uno de sus primeros movimientos fue el reclutamiento de un intenso tackle defensivo de North Texas State. Greene estaba decepcionado cuando escuchó su nombre con la cuarta selección global del draft, porque significaba que iría a una franquicia moribunda, sin esperanzas de ganar. Pasó sus dos primeras campañas enfadado, y dejó que su mal carácter le amargara la experiencia.

"No le compré nada en un principio", recordó Greene. "Era difícil creer en lo que decía".

Pero de vuelta al discurso... Noll, como costumbre, nunca los daba. Les decía a sus jugadores que si necesitaban que él los motivara, probablemente merecían ser despedidos.


Pero algo se le metió a finales de diciembre de 1974. Los Raiders acababan de vencer a los Dolphins en un partido de la ronda Divisional de los playoffs de la AFC, que había sido mucho más interesante que la victoria de Pittsburgh sobre Buffalo. Ken Stabler conectó un pase mientras caía, y ese partido épico que sería conocido más adelante como "El mar de manos", estaba recibiendo mucha más publicidad que el de los Steelers. Supuestamente, había enfrentado a los dos mejores equipos de la liga. El Super Bowl, para muchos, parecía como una formalidad.



Noll reunió a su equipo ese lunes, y, como siempre, desmenuzó los positivos y negativos del partido anterior. Luego, lanzó un gran discurso y golpeó el pizarrón.

"Dijo: 'Chicos, hay gente en Oakland que piensa que el Super Bowl se jugó ayer, y que el mejor equipo de la liga ganó ese encuentro'", relató Greene. "'Quiero que ustedes sepan que el Super Bowl se jugará en un par de semanas, y el mejor equipo de la NFL está sentado aquí'.

"De ese momento en adelante, sin importar lo que sucedió al inicio del juego, sabía que los Raiders no nos ganarían. Nunca había tenido ese sentimiento antes, ni lo tuve después, de que un equipo no tenía ninguna oportunidad de ganarnos".

REALMENTE ERA EL PLAN-B
Aquí hay algo en qué pensar: en 1969, los Steelers deseaban contratar a un entrenador un poco mayor y mejor conocido. Ese entrenador era Joe Paterno, de Penn State, quien se negó.

TENÍA BOLETOS PARA LA SINFÓNICA
Por mucho que sorprenda a la gente de Pittsburgh ver a su duro entrenador del equipo de fútbol americano escuchando música clásica, no conocen ni la mitad. Noll también tiene afinidad por los vinos finos, rosas, volar y navegar. Cualquier cosa que le interesara a Noll, eventualmente se convertía en experto al estudiar meticulosamente. No necesariamente le gustaba hablar del fútbol americano fuera del trabajo. Tenía demasiados intereses.

"Era un tipo inusual", dijo Ed Kiely, un empleado de los Steelers que sirvió como asistente a Art Rooney Sr. "Una semana estaría tomando lecciones de golf, y la siguiente estaba aprendiendo a comprar un bote para navegar al sur. Era un hombre para cualquier temporada".

Todas las mañanas, los entrenadores de los Steelers se reunían en la cocina del antiguo Three Rivers Stadium para beber café. A menudo, Kiely y Noll se enfrascaban en discusiones sobre política. Kiely era un demócrata; Noll, dice, se inclinaba a la derecha.

"Nunca se enfadaba", reveló Kiely. "Sólo se marchaba y decía: 'Ah, no sabes de lo que hablas'."


Getty Images

Swann vio un lado desconocido de Noll, aunque sólo brevemente
TOCABA LA MANDOLINA
Para sus jugadores, Noll a menudo lucía desprendido. Debía ser de este modo, pensaban, para protegerse en caso de tener que cortar a alguien.


Una Navidad a finales de los '70, Swann invitó a algunos compañeros para decorar un árbol navideño. Decidieron salir a cantar villancicos, y pasaron a la casa de Dan Rooney y algunos otros de las esferas de poder. Swann sugirió pasar a la casa de Noll. Sus compañeros dudaron.

Pero era antes de las 11:00 p.m. --su toque de queda-- así que tocaron a la puerta y cantaron para Chuck y Marianne. Los invitó a pasar. Noll les mostró algunas fotos que había tomado, luego tomó su mandolina y comenzó a tocar.

Era una faceta que nunca habían visto.

"Pensé que estábamos rompiendo el hielo", comentó Swann. "Estábamos acercándonos al núcleo de este hombre, era grandioso. Un gran avance.

"La siguiente mañana, llegamos y pensé que tendríamos una nueva relación. Nos miró y sólo asintió con la cabeza. Es como si nunca hubiéramos estado en su casa ni por un segundo. Nunca lo hizo saber. Pero así era Chuck."

NO TENÍA FILTRO
Se ha reportado por años que Noll acudió a sus jugadores en 1969 y les dijo que no estaban ganando porque no eran muy buenos. Noll más tarde desmintió que fuera tan duro.

Pero sólo cinco de ellos sobrevivieron de aquel equipo para jugar en un Super Bowl para Pittsburgh. El apoyador Andy Russell fue uno de ellos. Había pasado por dos estadías en Pittsburgh, dejando al equipo por dos años para hacer su servicio con el ejército. Cuando Noll lo llamó a su oficina para su primera reunión de 1969, era casi como si Russell hubiera estado de vuelta en Alemania.



"He estado viendo videos de juego, Russell", le informó Noll. "No me gusta el modo en que juegas.

"Eres demasiado agresivo. Estás fuera de control. Eres demasiado impaciente, intentando ser un héroe. Voy a cambiar el modo en que juegas. Vas a ser muy diferente en tus 30s que en tus 20s".

Russell sirvió 10 campañas como capitán y fue a siete Pro Bowls.

NO VIVÍA JORNADAS DE 20 HORAS
Noll quería separar por completo el trabajo de la familia. Estaba en casa para las 8:00 p.m. los lunes, 10:00 p.m. los martes, y 7:00 p.m. el resto de la semana.

"Era tan diferente al resto de los entrenadores de aquella era", dijo Gordon. "No era un adicto al trabajo. No trabajaba horas absurdas. No había tal cosa como dormir en la oficina".


AP

Russell mejoró bastante gracias a las enseñanzas de Noll

DE NO HABER SIDO ENTRENADOR, HABRÍA SIDO MAESTRO
Es lo que más le gustaba hacer a Noll: ponerse a enseñar. Pasaba los primeros 30 minutos de las prácticas trabajando en las tacleadas y bloqueos, cosas que la mayoría de sus jugadores aprendieron en la preparatoria. Noll obligaba a sus jugadores a estudiar las tendencias de sus oponentes de los últimos cinco años.


Tenía un ojo dotado para identificar el talento, y su clase de draft de 1974 incluía a cuatro miembros del Salón de la Fama. Pero la imagen que la mayoría de los ex jugadores de Noll recuerdan de él, es viéndolo quedarse después de las prácticas para trabajar con novatos confundidos que tenían pocas oportunidades de mantenerse en la plantilla.

"Les enseñaría a reclutas de draft que venían de ser guardias All-American cómo alinearse correctamente", señaló Russell. "Los tenía empezando desde cero. Me dijo que debía retroceder mi pie dos pulgadas, y quizás abrirlo una pulgada más. Era impresionante su atención al detalle.

"En su primer año, ganamos nuestro primer partido y perdimos 13 al hilo. Pero nunca nos perdió a nosotros, porque nunca decía cosas sin sentido. Decía: 'Empeoraremos antes de mejorar. Porque voy a forzarlos a jugar del modo correcto'."

SU HIJO ES IGUAL A ÉL
El destello más cercano de Chuck Noll está enterrado en una página Web de una escuela privada en Connecticut. Chris Noll es un maestro, y no habla mucho. Como su padre, Chris es una persona muy privada. Jugó un año de fútbol americano en la preparatoria, y Chuck rara vez iba a sus partidos.

"No quería que se tratara de él", dijo Chris. "Quería que se tratara de mí".

"Lo que lo motivaba era su deseo de enseñar, de aprender", agregó Chris. "Estaba casi deprimido después de un triunfo de Super Bowl porque se había terminado. Era el proceso lo que le emocionaba, le estimulaba".

Y cuando el padre de Chris se retiró en 1991, nunca miró hacia atrás. Se clavó en otros intereses, sus vinos, sus libros y sus veleros. Realizó obras benéficas hasta que su espalda no se lo permitió más.

Tuvo oportunidades de volver al fútbol americano, pero, como las ofertas de publicidad, Noll nunca las consideró seriamente.

"No ve demasiado fútbol americano", reveló Chris. "Aún le importan los Steelers, pero eso está en el pasado. Una vez que eso terminó, él siguió adelante".

RARA VEZ ABRAZABA A UN JUGADOR
Ni les daba palmadas en la espalda. Greene solía observarlo desde las laterales cuando la ofensiva tenía el balón, y sin importar lo espectacular de la jugada, las comisuras de la boca de Noll rara vez se movían.

"Recuerdo una vez", dijo Greene, "lo estaba mirando, y John Stallworth hizo una de esas fantásticas atrapadas a una mano, y lo miraba y estaba sonriendo. No estaba sonriendo con la boca; estaba sonriendo con los ojos".

Noll se apareció para un partido de Pittsburgh a principios de esta temporada, se acomodó en un palco, lejos de la muchedumbre y los micrófonos y la atención. Greene lo divisó al medio tiempo y le dio las gracias. Por las frases, las lecciones, y aquel único discurso.

De haberlo pensado por un segundo, Greene sólo habría estrechado la mano de Noll al despedirse. En lugar de ello, Greene le dio un abrazo. Nadie lo notó. Lo más probable es que a nadie le haya importado.

"Nunca conocí a nadie como él antes, y a nadie como él después", concluyó Greene. "No es una exageración. En absoluto".


No hay comentarios.: